jueves, octubre 19, 2006

Las extrañas contradicciones de la vida

Si a ustedes les dijeran que existen periodistas con muy mala baba podrían pensar que eso es normal (gente con mala baba la hay en todas las profesiones); si a ustedes les dijeran que esos periodistas se dedican, todos los días, a generar odio a través de insultos, patrañas y mentiras podrían pensar que eso también es normal (malas personas las hay en todas las profesiones).

Si a ustedes les dijeran que la Iglesia Católica invierte el dinero de sus fieles en empresas privadas podrían pensar que es normal (es lo que hace la propia sociedad cuando dispone del capital suficiente para hacerlo); si a ustedes les dijeran que la Iglesia Católica es el accionista mayoritario de varios medios de comunicación podrían pensar que es normal (es una forma de predicar adaptada a la sociedad en la que vivimos).

Pues bien, en esta España que nos ha tocado vivir, aquellos periodistas cobran un sueldo del medio de comunicación de la Iglesia Católica. La Iglesia Católica paga a Federico Jiménez Losantos, a Ignacio Villa y a César Vidal para que viertan su odio visceral a las ondas y a los oídos de los españolitos de a pie. El Bien paga al Mal para alimentar al Mal.

Tanto es el odio visceral que llevan dentro estos periodistas que no tienen suficiente con las ondas para vertir todo su rencor a la sociedad; necesitan también las nuevas tecnologías y el tradicional papel impreso, así que se han creado un periódico digital (Libertad Digital) y colaboran con otros medios de comunicación escritos. Y el próximo paso es la creación de su propia televisión digital (Libertad Televisión): la próxima televisión del odio.

En ese periódico digital, en cuya denominación aparece la única palabra de la que desconocen su verdadero significado (la libertad de ideas sólo se la aplican a ellos mismos), se nutren de la inestimable colaboración de terroristas conversos en neofascistas (un tal Pío Moa, que pretende reescribir la Historia de España para que el Caudillo que nos gobernó durante casi 40 años suba de nuevo a los santos altares); la otra palabra que podrían haber utilizado para simular un respeto hacia los demás (la democracia) no está entre sus prioridades.

La violencia legítima contra los Gobiernos democráticos que predican estos neofascistas, las falsas y absurdas teorías de los Golpes de Estado encubiertos para derrocar a los Gobiernos afines a ellos, los abominables intereses porque se produzca el primer asesinato terrorista de ETA que dé al traste con cualquier fin dialogado del terrorismo y poderlo aprovechar en beneficio de sus propios intereses ante las inminentes citas electorales (2007 y 2008)... Todo esto, pagado por la Santa Iglesia Católica.

No puedo entenderlo. No puedo entender que el Bien y el Mal no sólo convivan en plena armonía, sino que sea el Bien quien pueda eliminar al Mal y no haga nada para erradicarlo.

No nos equivoquemos. Aquí no hay dos Españas. Aquí hay una Iglesia sin poder político tras muchos años de Inquisición que está deshechando los valores que no le sirven para recuperarlo; y son demasiados ya los valores que se han dejado por el camino. Y si es necesario santificar al Mal para recuperar ese poder perdido, así sea. Palabra de Dios será.